Marsella
 

Cómo sacar el máximo partido de Marsella en 3 días

¿Estás planificando un viaje a Marsella? Inspírate y descubre todo lo que puedes hacer una vez llegues a tu destino con el itinerario que te sugerimos para una visita perfecta de tres días. Historia, cultura, ocio, restaurantes… No te pierdas ningún detalle durante tu escapada.

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En las puertas del Mediterráneo, Marsella, la segunda ciudad más grande de Francia, está unida a una identidad milenaria muy lejana a la de la capital. Pero en Marsella, identidad también es sinónimo de apertura, y es precisamente con los brazos permanentemente abiertos, como todos los grandes puertos, como la hermosa ciudad de Massilia se ha convertido, bajo la atenta mirada de la Bonne Mère, en una de las joyas más bellas del Mediterráneo.

Todo comienza en el Vieux Port o Puerto Viejo, un lugar ideal para empezar su visita. Auténtico símbolo de Marsella, el puerto más antiguo de Francia fundó la identidad de la ciudad. Centro de actividad desde la Antigüedad, fue sustituido en esta función por otros enclaves situados más al norte, pero sigue siendo el lugar al que la mayoría de marselleses se sienten más unidos. Hoy en día puerto deportivo, es un lugar donde se reúnen los habitantes para arreglar el mundo, especialmente en la terraza de la Samaritaine.

Diríjase a continuación a la Abadía de San Víctor, que se encuentra muy cerca y es un magnífico edificio del siglo XI, además de una meca del catolicismo en el sur de Francia. Allí descubrirá una mesa de altar del siglo V y criptas en las que se conservan restos de la alta Edad Media. A pocos metros de distancia, dese un capricho en Four de Navettes, una de las panaderías más antiguas de Marsella especializada en la fabricación de navettes, una galleta en forma de bote típica de la ciudad.

Pasee por la tarde hasta el barrio de Panier, la parte más antigua de la ciudad y lugar de implantación de la primera colonia griega. En sus calles estrechas descubrirá un barrio a la vez turístico y popular, que sigue acogiendo a los inmigrantes que llegan a la ciudad y expresa a la perfección la dimensión cosmopolita de Marsella.

En el mismo barrio, a lo largo de la costa, se encuentra la Catedral de Santa María la Mayor, un imponente edificio del siglo XIX de arquitectura muy particular: bizantina por su ornamentación, románica por su alzado y gótica por su planta.

Al caer la noche, regrese al Puerto Viejo para disfrutar de una de las mejores bullabesas de la ciudad en el restaurante Miramar.

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Al día siguiente llega el momento de rendir homenaje a la madre protectora de la ciudad, la basílica de Notre-Dame-de-la-Garde, cariñosamente conocida en Marsella como la Bonne Mère (Buena Madre). Situada a 150 metros sobre el nivel del mar, la basílica protege a los marineros y pescadores desde hace 800 años, ofreciendo además un magnífico panorama que abarca toda la ciudad.

A continuación descenderemos hasta el centro de la ciudad siguiendo los escalones que le llevarán hasta el jardín de Pierre Puget, y luego continuará por el paseo del mismo nombre que pasa por el Palacio de Justicia, un hermoso edificio del siglo XIX.

Por la tarde toca visita al MuCEM, el Museo de las Civilizaciones de Europa y el Mediterráneo, un museo muy reciente pero muy interesante dedicado a preservar el patrimonio mediterráneo. Su arquitectura ha sido diseñada por Rudy Ricciotti y lo sitúa desde ya como uno de los puntos de referencia en Marsella, encarnando la revitalización económica y cultural que experimenta la ciudad desde finales de los años 90.

Por la noche podrá cenar en un lugar acogedor en las alturas de Endoume, el Baron Perché, un restaurante que huele a Provenza y lavanda y que ofrece platos típicos de la zona, muy populares entre los lugareños.

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Al día siguiente disfrute un poco del Mediterráneo recorriendo las calas (les calanques), que se extienden a lo largo de más de 20 kilómetros y son un lugar ideal para pasar un buen momento, ya sea practicando escalada, haciendo buceo, kayak, senderismo, natación o contemplando las zambullidas de los saltadores, algo temerarios. También es posible alquilar un barco para explorar las tranquilas aguas del Mediterráneo apartándose un poco de la orilla.

Por la tarde y tras haber almorzado en la Cantinetta, un restaurante italiano con un agradable patio a la sombra, puede completar su estancia con un paseo por el parque Valmer, que ofrece una hermosa vista de la ciudad y su puerto.

Elija para su última noche en Marsella uno de los bares más famosos de la ciudad, el Petit Nice, cuyo ambiente no decae nunca, o una de las discotecas más conocidas como el Trolleybus, en el Puerto Viejo, o El Bodegón para un ambiente más latino. Para tomar una copa, el Red Lion le permitirá combinar la calidez de un auténtico pub inglés con en el sentido de la relajación mediterráneo.

Con solo tres días en una de las ciudades más hermosas del Mediterráneo, puede que no haya tenido tiempo de explorarla al completo, pero sin duda ya habrá comenzado a coger el ritmo marsellés, el de la relajación y la buena vida. Si tiene la oportunidad de pasar un poco más de tiempo en la ciudad, no dude en recorrer los barrios y lugares que aún no ha visto y que tienen una identidad particular, como es el caso del barrio de Belsunce, entre la estación y el Puerto Viejo, el centro de la Belle de Mai, dedicado a actividades de imagen y sonido, o los Aygalades.

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