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Inspírate en la ciudad de la costa del sol

Málaga: donde el azahar convive con sabores tradicionales y aires artísticos

Un destino que en pocos años ha cambiado y se ha reinventado con una oferta cultural sin rival.

Un artículo de Nani Arenas, autora de La Viajera Empedernida

Es curioso pensar que uno de los iconos de Málaga tiene fama por estar inacabado. Me refiero a la catedral, famosa pues le falta una parte y la apodan "Manquita”. Al parecer, el dinero previsto para la torre se utilizó para financiar la guerra de Independencia de EEUU, y luego ya no hubo más oportunidades. Pero ha sido en los tiempos modernos cuando la ciudad completó definitivamente su imagen. Y si hay algún adjetivo que defina a la Málaga de hoy día, puede ser que es una ciudad completa, redonda. Y además efervescente.  De “manquita” nada.

Templos del arte en Málaga

La culpa de este cambio la tuvo Pablo Ruiz Picasso, nacido en Málaga en 1881. El museo dedicado al que es uno de los más grandes artistas españoles, abierto en el 2003, marcó el inicio del cambio. Ese mismo año se peatonalizó la calle Larios, la arteria comercial de la ciudad, una de las calles del paseo obligado y donde se puede comprar algo en cualquiera de las muchas tiendas o tomar un helado en la que, dicen los lugareños, es la mejor heladería de la ciudad: Casa Mira. La reconocerás por las colas que hay en su exterior. Y si dudas ante tantos sabores, un consejo para indecisos: dicen que los mejores son el de turrón y el de tutti-frutti…  

En el 2011, abrió el segundo gran museo de la ciudad: el museo Carmen Thyssen, en el palacio de Villalón, en pleno centro de Málaga. Con una magnífica colección permanente compuesta por más de doscientas obras, todas ellas adquiridas, primero por el matrimonio Thyssen y luego por la baronesa ya en solitario, después de la adquisición del resto de su colección por el estado español. Cuentan que la baronesa se encargó personalmente de todos los detalles del proyecto malagueño.  

La apuesta por convertir la ciudad en una referencia cultural continuó y, en 2015, abrió sus puertas el Centro Pompidou Málaga. Estos museos son sólo piezas en un gran puzzle donde encajan otras apuestas urbanas como, por ejemplo, la rehabilitación del paseo marítimo que abrió la ciudad al mar, otro hito que merece la pena ser reseñado. Y para ver todo este escenario de la nueva Málaga. ¿Qué tal una vuelta en la gran noria que reina en el también renovado puerto?

Conocer el arte gastronómico malagueño

Pues sí, Málaga es ahora un destino cultural consolidado, pero lo mejor es que ese derroche de arte se complementa con esa otra oferta de sol y playa, con la luz mediterránea, con ese olor a jazmín, a azahar que lo invade todo… y ¡ojo! Málaga también huele a mar y a sardinas. O, mejor dicho, huele a “espetos”, es decir, a sardinas “espetadas” en un palo que se cocinan sobre brasas de leña en la arena de la playa. Hay varias opciones, tantas como playas. En el Pedreladejo, en la playa del Palo, quizá la más popular de la ciudad, Guadalmar, en Huelín… sitios donde la oferta de chiringuitos donde saborear estas sardinas con un tinto de verano es amplia y deliciosa.  
Y Málaga también huele a “campero”. Espera, ¿no sabes qué es un campero? Normal, no es una receta muy turística y no destaca por ser una delicatesen. En realidad, no es más que un bocadillo en pan de mollete, redondo y blandito, relleno de tomate, lechuga, cebolla y alguna carne que puede ser lomo, pollo… Y muy importante ¡con mucha mayonesa, y que se caiga a chorretes a ser posible! Hay hasta rankings y listas varias sobre dónde comer los mejores camperos y, de verdad, no te puedes ir de Málaga sin probarlos.  

VISTA DE MÁLAGA DESDE EL PUERTO, CON LA NORIA COMO PROTAGONISTA

El café que no te puedes perder

Los camperos son una más de las curiosidades de Málaga, donde son especiales hasta para pedir los cafés. Lo descubrirás si te sientas en el Café Central, la cafetería con más solera de la capital andaluza (situada en la Plaza de la Constitución) a tomar uno en la terraza. Otra advertencia más: entra primero al interior del local y fíjate en el “diccionario” que tienen detallado en la pared del fondo y donde se indica el nombre exacto de cada uno de los posibles cafés que se sirven. Largo, semi-largo, mitad, corto, nube… ¿Cuál es el tuyo? 
Con esta ruta a tus espaldas, ya puedes volver al hotel ibis Málaga Centro Ciudad, de vuelta por la plaza de la Catedral -por donde pasarás mil veces- y donde puedes detenerte a comprobar por ti mismo por qué la llaman “La Manquita”.  

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