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Siguendo la huella de la Roma Imperial en Tarragona

La antigua Roma se puede sentir prácticamente en cada esquina de Tarragona. Viaja en el tiempo con esta ruta y descubre la magia del Imperio Romano a través de Tarraco.

Un artículo de David Escribano, uno de los autores de Viajablog

Un centurión romano se asoma sobre las murallas de la ciudad. Le llegan, nítidos, los bramidos de la muchedumbre que, frente a él, disfrutan de las carreras en el circo y los combates en el anfiteatro. Más allá, el Mar Mediterráneo luce azul bajo un sol de justicia. En sus tranquilas aguas navegan hacia la costa varias naves mercantes de velas cuadradas, decoradas con los símbolos de sus dioses. Traen cebada de la Galia y especias de las posesiones del este. A su espalda, la ciudad hierve de actividad. Mercaderes que siempre parecen tener algo que hacer, patricios camino de los baños, soldados patrullando y la plebe… La plebe hace de su tiempo ocioso un bien inalcanzable para muchos otros.  Es, simplemente, otro día normal en Tarraco, la capital de Hispania Citerior Tarraconensis, la provincia romana más importante de la Península Ibérica.

Ruta para amantes de la arqueología en Tarragona

En el año 2000, los embajadores de la Unesco decidieron declarar al conjunto arqueológico de Tarraco, Patrimonio de la Humanidad. Con ello, se reconocía, por fin, la espectacular belleza monumental y el legado histórico de Tarragona, una ciudad donde, además, puedes disfrutar de las playas del Mediterráneo, una estupenda gastronomía y el vértigo de las atracciones del cercano parque de atracciones Port Aventura, situado a unos 11 km de la ciudad.  
Las viejas murallas, levantadas en el siglo II a de C., delimitaban el perímetro urbano. En sus días de esplendor llegaron a tener 3,5 km de longitud y hoy en día se conservan los 1.100 m que rodean la zona del Casco Antiguo. Camina por el Paseo Arqueológico y maravíllate ante lienzos perfectamente conservados. De las tres torres que se conservan, las de Minerva – que contiene la escultura y la inscripción romanas más antiguas de la Península Ibérica – y el Arzobispo son las más bellas.

Foro, circo y anfiteatro entre otros tesoros imperiales

Tras la muralla, se encontraba el Foro Provincial. En tiempos romanos, este foro estaba constituido por dos grandes plazas porticadas, en las que se encontraban los principales edificios administrativos, religiosos y culturales de la ciudad de Tarraco.  
Hoy en día, puedes ver restos de los pórticos de la plaza romana en los edificios de la Antigua Audiencia – con una gran torre de piedra -, la plaza del Pallol, la plaza del Fórum y el llamado Pretorio.  
Pero lo que realmente huele a la Roma más lírica y peliculera es el circo. El de Tarragona es uno de los mejores conservados de toda Europa Occidental. En él se disputaban carreras de carros. Aunque la mayor parte de su estructura se encuentra oculta bajo edificios del siglo XIX, actualmente se puede visitar el extremo oriental, donde podrás ver las gradas, la fachada monumental y las bóvedas del Enrajolat y San Hermenegildo.  
El que sí que encontrarás en total plenitud es el anfiteatro, del que podrás ver la arena y parte de las gradas. Construido a principios del siglo II de nuestra era y reformado 200 años más tarde, en él tenían lugar luchas entre animales salvajes y gladiadores, y ejecuciones públicas. De hecho, aquí martirizaron a algunos de los primeros cristianos evangelizadores de la zona, San Fructuoso y sus diáconos. Para conmemorarlo, en el siglo VI, se levantó una basílica visigoda sobre la que se construiría la iglesia medieval de Santa María del Milagro.  
Otra de las consecuencias de la muerte de San Fructuoso la podrás ver en la Avenida Ramón y Cajal, donde se encuentra la necrópolis paleocristiana. Desde mediados del silgo III d. de C. aquí comenzaron a instalarse tumbas y mausoleos.  
Sin embargo, si estás interesado en los símbolos funerarios, debes visitar la Torre de los Escipiones, situada a unos 6 km del centro de Tarragona, en la antigua Vía Augusta, la calzada romana más larga de España que discurría entre los Pirineos y Cádiz. De planta cuadrada, esta torre, hecha de grandes sillares de piedra, tenía tres bloques diferenciados del que se conservan los dos inferiores.  
Por último, pasea por las estrechas calles del casco antiguo de Tarragona al atardecer y contempla el mar Mediterráneo. Tarraco comenzó en él. 

Tras los vestigios árabes de Tarragona

Y tras los romanos y visigodos, llegaron los árabes. Coge el coche al salir del hotel Mercure Atenea y acércate a la comarca del Priorato, donde Siurana se erigió como el último reducto morisco que aguantó los embates de los condes cristianos hasta el año 1153. Hasta cuatro de ellos tuvieron que unirse para quebrar la resistencia árabe. Recorre sus calles de aspecto medieval y al atardecer, pasea por las inmediaciones de las ruinas de su castillo del siglo XIII y contempla las estupendas vistas desde el mirador del Salt de la Reina Mora. Con los últimos rayos de sol recuerda la leyenda que dice que la reina mora Abdelazía, de orgullosa sangre mozárabe, montó en su corcel y se lanzó al vacío antes de sufrir la vergüenza de ser vencida y apresada por los perros cristianos. Dicen que aún se puede apreciar la marca de la herradura de su caballo en la roca.

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