Ámsterdam
 

Cómo sacar el máximo partido de Ámsterdam en 3 días

¿Estás planificando un viaje a Ámsterdam? Inspírate y descubre todo lo que puedes hacer una vez llegues a tu destino con el itinerario que te sugerimos para una visita perfecta de tres días. Historia, cultura, ocio, restaurantes… No te pierdas ningún detalle durante tu escapada.

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Como capital y la ciudad más grande de Holanda, Ámsterdam siempre impresiona a sus visitantes. Cultivada, la ciudad está llena de museos y palacios que nos hablan del Siglo de Oro holandés. Natural, uno se mueve allí en bicicleta a lo largo de los canales. Libre, se convirtió en el siglo XX en una de las ciudades más tolerantes del mundo.

Cuando llegue a Ámsterdam, no podrá evitar viajar en el tiempo hasta la Edad Media si acude directamente al centro histórico de la ciudad, más concretamente al Dam, la plaza principal. Allí no puede perderse el enorme Palacio Real, un edificio construido en el siglo XVII que expresa el poderío y la gloria que experimentó la ciudad durante la Edad de Oro. En la plaza también se halla la Nieuwe Kerk (Nueva Iglesia), la cual, a pesar de su nombre, se remonta en realidad al siglo XV. Hoy en día, todavía es utilizada para la investidura de los soberanos de los Países Bajos, así como para la celebración de exposiciones.

Almuerce a continuación en los alrededores del Dam pidiendo, por ejemplo, kroketten o frikandellen (croquetas o salchichas fritas) que son en Ámsterdam lo que la pizza es en Nueva York: un plato sencillo y barato, cómodo y rápido.

Por la tarde, puede elegir entre dos opciones para dar un paseo a lo largo los canales. La primera consiste en alquilar un barco, que no es muy caro y le permitirá disfrutar de un agradable paseo por el río. La segunda le invita a participar un poco más de la cultura holandesa alquilando una bicicleta, gracias a la cual podrá explorar la extensa red de canales que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

A lo largo de su paseo podrá detenerse en las márgenes del canal Prinsengracht y visitar la Casa de Ana Frank, donde la niña y su familia se escondieron durante dos años antes de ser deportados. Más allá de la vida de Ana Frank, el museo propone una reflexión sobre todas las formas de persecución y constituye una visita muy emotiva.

Por la noche, adéntrese en los famosos “cafés marrones” (bruine cafes), que son numerosos en el barrio de Jordaan, cerca de la Casa de Ana Frank. Estos cafés que datan del siglo XVII adoptan este nombre por el color de sus paredes, oscurecidas por siglos de exposición al tabaco. El café Chris, por ejemplo, es el más antiguo de estos bares de color marrón: data de 1624.

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A la mañana siguiente llega el momento de montarse de nuevo en la bicicleta para dar una vuelta por el famoso puerto de Ámsterdam. Aunque puede que no se cruce con muchos marineros cantando a las criaturas que pueblan sus sueños, podrá contemplar sin embargo las numerosas obras de arte alternativas que florecen alrededor de esta área de actividad, que sin duda ha conservado su autenticidad.

Para ir de picnic, cruce el centro histórico hacia el sur para llegar a Vondelpark, el más famoso de la ciudad. Este parque simboliza la libertad de la que disfrutan los habitantes de Ámsterdam gracias a una legislación muy tolerante. En verano, se organizan regularmente conciertos y actuaciones.

Por la tarde, cerca del parque y de camino al centro histórico, se encontrará con el Rijks. Este museo, apodado el Louvre holandés, es el museo más grande de los Países Bajos con una colección de más de un millón de obras, incluyendo La ronda de noche de Rembrandt o La lechera de Vermeer. La mayoría de las obras representan la edad de oro de la pintura holandesa, conformando sin duda la mejor colección del mundo en este campo.

Para cenar, no dude en elegir un restaurante indonesio, están especialmente reconocidos en Ámsterdam. Allí podrá probar el rijsttafel, un plato a base de arroz, en el Templo Deloe, por ejemplo, que es un restaurante situado en el centro. Si prefiere otro estilo, el Koevoet sirve platos italianos con mucho éxito desde 1889 y está situado en el barrio de Jordaan.

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Al día siguiente, podrá volver a los alrededores del Rijksmuseum para visitar el Museo de Van Gogh, que exhibe algunas de las pinturas más famosas del maestro holandés, entre ellas Los Girasoles y El dormitorio en Arlés. Dependiendo del tiempo que pase en el museo, puede completar esta visita con la del Museo Stedelijk, el museo de arte moderno que está justo al lado y en el que se encuentran expuestas obras de Malévich y Mondrian.

Seguro que le quedan algunas especialidades culinarias por descubrir antes de su partida, como el asado indonesio, que no debe confundirse con el asado convencional. Se trata de un plato a base de pollo al curry, patatas y judías. En la sección de quesos, ir a Holanda y no comer gouda sería como ir a España sin probar las tapas: a menos que sea alérgico, resultaría imperdonable.

Por la tarde, no dude en deambular a lo largo de los canales dejándose llevar por sus apetencias. He aquí algunos lugares interesantes para descubrir según su estado de ánimo: el Museo Electric Ladyland, en el distrito de Jordaan, que está enteramente dedicado a obras de arte de neón y puede resultar tan psicodélico como un álbum de Jimi Hendrix; el Tuschinski, un cine de estilo art decó de 1921 que puede visitarse como un monumento; el museo de arte marítimo del puerto, uno de los más completos de Europa, o incluso el Gabinete de los gatos, un museo dedicado al lugar que han ocupado los gatos en el arte.

Su última noche es el momento de salir de fiesta. Los más nostálgicos se dirigirán al Paradiso o al Melkweg, dos clubes legendarios que no han perdido ni un ápice de su soberbia. Cerca del centro, el Trouw encantará a los amantes de la electrónica de buena calidad. No lejos de allí se encuentra también el Studio 80, al que sucumbirán fácilmente los amantes del house y el techno.

En tres días, Ámsterdam no podrá revelarle todos sus encantos, pero se puede obtener una buena visión general de lo que la ciudad puede ofrecer en términos de cultura, libertad y estilo de vida. Si tiene la oportunidad de pasar un poco más de tiempo en la ciudad, no dude en explorar la campiña de los alrededores y sus encantadores pueblos o los distritos del norte de la ciudad, que conservan un carisma de lo más auténtico.

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